Suena ese timbre de celular viejo en el velador o en la mesa donde comimos tacos, quizás en su bolsillo, es lo de menos. Sabe distinguir como mago sin creencias irracionales y atiende al llamado antes del primer "tuuuuuuu" de mi lado del teléfono, con esa voz de cara de risa y corazón contento.
Uno jura que llamando se pasa el frío, siempre corroboramos que no.
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