Esta ciudad antigua tenía relieves blancos con figuras largas y redondas, y una casa celeste que parecía ser otra, pero según mi premonición era la misma, la de sueños y esperanzas.
Aunque mi mamá me diga toda la vida que la vé damasco, yo le diré toda la vida desde los años veinte que es como el mar, quizás de adonde sacó ella que el plan se había vuelto color fruta, es que retrocedí y encontré que el falso Valparaíso antiguo no es más que la post-dictadura.
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